Nunca bailamos un lento, nunca fuimos al zoológico… fueron muchas cosas que siento que quedaron pendientes entonces, y cada vez que lo recuerdo me arrepiento de no haberlo hecho cuando correspondía.
¿Cómo una pareja de año y medio de pololeo nunca baila una canción romántica? Lo más cerca que estuvimos fue un reggaeton ebrios, y por ende, payaseando durante su carrete de titulación. Nada más que eso, porque no me gusta mucho bailar, y porque cuando se lo propuse nunca me pescó, quizá pensando que era un terrible bailarín y que la avergonzaría, cosa bastante alejada de la realidad, porque no soy Fabrizio, pero por empeño no me quedo atrás.
No pudimos pasar una Navidad, pero si un Año Nuevo, el más lindo de mi vida, de eso no hay duda.
No alcancé a pedirle matrimonio… pero ¿habría servido de algo? Si durante los últimos tres meses de relación sin darme cuenta de lo único que me preocupé fue de hacerla pensar, inconcientemente, que ya no quería eso para nosotros dos… nosotros… que palabra más linda y a la vez tan triste… porque el nosotros ya no existe… desde hace varios meses atrás, aunque por un par de semanas tiempo después de la ruptura pensara lo contrario.
Hace más de un mes que no la veo, hace más de dos semanas que no escucho su voz… No queda otra opción más que resignarme y aceptar la realidad que estoy viviendo… lejos… sin Yuyi.
Puedo salir, carretear, reírme, trabajar a más no poder. Distraerme con mil cosas a la vez, conocer gente, unas agradables, otras no. Puedo avanzar, darme cuenta que es muy probable que los proyectos y planes materiales que tenía para mi vida se podrán realizar antes de tiempo, sin embargo, cuando llego a la oscuridad de mi dormitorio, lo único que aparece en mi cabeza es su imagen. Su carita linda, su sonrisa hermosa, dueña de esos besos que me volvían loco cada vez que los recibía, aunque pocas veces se lo hubiese dicho. Su dulzura y su carácter, que fue una de las cosas más importantes que me enamoraron de ella.
Hace más de un mes que no la veo ¿La volveré a ver otra vez? ¿Volveremos a hablar de nuevo? ¿La volveré a besar? ¿A abrazar? ¿A acariciar?
Pienso muchas cosas en mi tiempo libre, y también en el no tan libre. Me paso el rollo de que si la llamo quizá acceda a vernos una vez más. A veces, cuando la razón y la contención están totalmente agotadas se me arrancan un par de mensajes de texto para decirle que aun la espero, que sigo pendiente de ella, que estoy bien, que espero que ella también… ¿Pero de que sirve? Si a ella no le importa en lo absoluto, no le importa nada…
¿Quién soy yo para volver a entrometerme en su vida? ¿Quién soy yo para querer volver a entrar otra vez? Es probable que ya no me extrañe y ni piense en mi, por algo no ha vuelto a aparecer. Quizá ya es feliz y encontró lo que tanto a buscado y esperado, eso que yo le ofrecí por mucho tiempo, eso que le sigo ofreciendo pero que ya no le interesa creer que se lo puedo dar.
Si está feliz y tranquila ¿Quién soy yo para quitarle esa felicidad? ¿Quién soy yo para llegar, aparecer y quitarle esa paz que ya debe tener? ¿Quién soy yo para volver de la nada a rogarle que me de una última oportunidad? Nadie, porque eso es lo que soy ahora para ella, nadie, sólo un huevón que no supo leerla cuando correspondía y no llevó bien la relación de amor y cariño que tan orgulloso se jactaba de tener.
¿Quién soy yo para quitarle esa felicidad que debe tener? Quizá ya conoció a alguien que la tiene feliz y contenta, alguien que la tiene completamente llena y ya no necesita acordarse de mi.
Yo la quiero, si, más que a todo, más que a mi vida, hasta el punto de olvidarme de mi mismo muchas veces, de arrastrarme como un perro, de llorar como una mina para que no se fuera de mi lado ¿Sirvió de algo? La respuesta es más que clara.
Yo la quiero mucho, y se me parte el corazón cuando despierto en la mañana y tengo su imagen fresca en mi cabeza y no la puedo llamar para desearle un lindo día y volver a decirle mi amor o a que hora nos veremos cuando terminemos de trabajar.
Ya no soy nadie para ella, y no soy nadie para irrumpir y quitarle su felicidad, para perturbar su vida de una forma no agradable. Ella decidió irse y dejarme y tengo que respetar eso, no puedo patalear más.
La extraño tanto, tanto… como tonto miro a ratos mi celular por si se atreve a enviarme un mensaje o llamarme de una vez, para preguntarme como estoy, para decirme que olvidemos todo, que me quiere y lo intentemos una vez más, aunque sea en secreto…
La extraño tanto, tanto… extraño esas noches que me despertaba y corría para que no roncara más, que no la dejaba dormir, hasta que me acostumbré a dormir de lado para que no lo tuviera que hacer más… extraño quedarme despierto mientras ella dormía cuidando su sueño, ver su carita de paz, de descanso, y esos saltos que a veces daba a causa de quien sabe que sueños la lograban exaltar… ir por la calle de su mano, perdidos por cualquier parte, caminando sin saber donde estábamos ya que ambos nunca fuimos muy buenos para improvisar.
La extraño tanto, tanto… pero si ella está feliz sin mi debo aceptarlo, porque sé que si ella es feliz no puedo ser tan egoísta y aparecerme de nuevo para quitarle esa felicidad, esa felicidad que logré darle, que ella también logró provocar en mi, pero que también me encargué (de forma inconciente, aunque lo hice igual) de apagar.
Espero que esté bien, que sea feliz… el problema es que cada día que pasa en vez de yo calmarme más por eso, que por cierto me ayuda bastante ya que por lo menos tengo esa tranquilidad, de que ella debe estar bien, tengo miedo a que yo no pueda avanzar. No en el sentido de mi vida, trabajo y estudios, sino en el ámbito personal.
Sé que tarde o temprano voy a conocer a alguien que me saque de esta soledad (no en el sentido de que nadie está conmigo, porque hay bastante gente preocupada por mi, sino en el sentido de involucrarme realmente con alguien), pero también sé, que lo que viví con ella y al darme cuenta del tipo de mujer que es, jamás la podré olvidar y siempre la voy a querer… tengo miedo de fracasar porque a las nuevas las compare con ella, de seguir 3 meses, 6 meses, un año más con este dolor y pesadumbres que me acompaña a todas partes y no me deja estar en paz.
Tengo miedo a que pasen años y siga pensando en ella, seguir esperándola, miedo a estar con otra pero seguir recordándola, mientras ella hace su vida y le importa un comino lo que pase con la mía.
Tengo miedo, si, mucho miedo, pero más miedo tengo a que ella, con la decisión que tomó tampoco logre nunca ser feliz.
Tengo miedo a no ser sólo yo quien la extraña, tengo miedo a que ella también me extrañe, y que por orgullos, rencores, miedos y egoísmos de ambos pasemos el resto de nuestras vidas separados, deseándonos, extrañándonos, pero sin hacer absolutamente nada para poder arreglarlo.