Seguramente a estas alturas del año, ella estaría viendo y machacándose la cabeza para escogerle un regalo que le encante. Estresada como ella sola, de Mall en Mall paseando para poder elegir el regalo perfecto para él. Ella no llega, entra a la tienda, ve lo primero bonito que encontró y lo compra… no. Ella siempre elige el regalo perfecto, porque es la persona más perfeccionista que él pudo conocer. Una mujer inteligente, proactiva, muy capaz y que con su voluntad es capaz de lograr lo que se proponga. De seguro ahora estaría, más estresada que entreteniéndose, buscando y buscando, pensando y pensando que cosa podría elegir para él, pero en el fondo, al momento de entregarlo ver el rostro de agrado y aprobación valía la pena y el estrés previo iba a ser tan minúsculo que ni siquiera se iba a acordar.
Él, bueno para improvisar como es, probablemente ante tamaño desafío el regalo lo habría empezado a escoger hace un par de semanas ya. Sabe cuales son sus gustos, que cosas le agradan, que cosas no, pero también el estrés de elegir el mejor regalo se habría hecho presente, que lo obligaría inevitablemente a recurrir a su cuñis para que le echara una leve manito.
Probablemente una semana antes de Navidad ya habrían negociado que día iban a pasar en la casa de quien, aunque probablemente el habría cedido ante cualquier propuesta que ella razonablemente habría puesto sobre la mesa. Para él, la verdad es que no le complica mucho hacer el sacrificio de no pasar alguna de estas fechas con los suyos, puesto que es feliz con estar a su lado, total ya ha pasado 25 navidades con su familia y elegir pasar la primera navidad con la persona que iba a ser su compañera de vida era la única opción pensable.
El Año Nuevo ya estaría negociado… quizá no. Lo cierto es que él apenas saliera del trabajo el día 31 iba a volar a su casa a cambiarse ropa (si es que no lo iba a celebrar con ella ahí) o a la de ella para buscarla y esperarla hasta que estuviera totalmente arreglada… ella siempre tan preocupada por su persona, de verse la más hermosa, aunque digámoslo: ella es bella desde el momento que despierta hasta cuando se va a dormir… si la hubiesen visto dormir alguna vez: esa ternura, esa paz que produce con sólo mirarla… ni con el trabajo de toda una vida se podría pagar tanta ternura, tanta belleza, tanta plenitud en una sola mujer.
Sea donde hubieren decidido haber pasado el Año Nuevo la decisión habría sido pasarlo juntos. El asado típico, la cena tan exquisita, la Sonora Palacios sonando de fondo (típico en estas fiestas) y todos alrededor de un lado para otro, cada uno con una misión asignada: unos preparando ensaladas, otros poniendo la mesa, otro destapando las botellas de vino, quizá preparando las lentejas para después de las 12 y ellos, cada uno en lo suyo pero siempre preocupado el uno del otro, pendientes de que estuvieran bien y con pequeños cruces de miradas como queriendo decir: “acá estoy mi amor”.
Tras la cena, se levantan los platos y se despeja la mesa para poner las copas del brindis. Todos empiezan a conversar, contar anécdotas varias para que así la ansiosa espera de las 12 no se hiciera tan larga. Pasan los minutos y poco a poco se acercan, lentamente, minuto a minuto, segundo a segundo. Ya tienen listas las botellas de champagna cerca de las copas, heladitas porque son más ricas así.
10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1… Cerooooooooooooooo!!! Gritan todos al unisono. Él, junto a ella, esperaba con ansias este momento ya que era la primera vez que pasaba un año nuevo junto a la persona que durante toda su vida había buscado y al fin, 26 años después pudo encontrar. Ella, nerviosa, luego de tantas desilusiones al fin había encontrado a esa persona que la hacía feliz, que nunca la iba a dejar y siempre la iba a cuidar. Él la abraza, la toma de la cintura muy fuerte y ella lo abraza por los hombros tan o más fuerte que él. Ambos se abrazan, se acarician, sus mejillas se rozan y se besan, el beso más dulce que habrían podido dar. Una noche soñada: bailando, riendo, cantando hasta pasada las 10 de mañana del día primero… un día antes de celebrar cuando su historia de amor empezó…
Lo cierto es que eso no pasará. Ella, por un error estúpido de él, pasará, como tantas otras veces ese día como cualquier otro año nuevo anterior. Él, también, la misma rutina de todos los años: abrazo familiar, después, cerca de las 1:30 va donde sus amigos para no volver más hasta entrada la madrugada.
Para ambos, un nuevo año de soledad, de vacío, de tristeza, deseando en cada momento que esa persona estuviera a su lado, un ratito, tomar su mano, mirar a sus ojos.
Son muchas cosas las que se pueden decir en estos momentos pero lo más probable de esta fallida proyección es que sólo quede en lo que es: un montón de palabras.