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A la mierda con todos!

No quiero dejar pasar todo de nuevo ¿Cómo puede ser, cómo puede ser que no haga nada? Hace 25 años que me pregunto y hace 25 años que me contesto lo mismo: Dejá, fue otra vida, ya pasó, ya está, no preguntes, no pienses.

No fue otra vida… fue esta… Es esta… Ahora quiero entender todo ¿Cómo se hace para vivir una vida vacía? ¿Cómo se hace para vivir una vida… llena de nada? ¿Cómo se hace?

 

Fear

Nunca bailamos un lento, nunca fuimos al zoológico… fueron muchas cosas que siento que quedaron pendientes entonces, y cada vez que lo recuerdo me arrepiento de no haberlo hecho cuando correspondía.

¿Cómo una pareja de año y medio de pololeo nunca baila una canción romántica? Lo más cerca que estuvimos fue un reggaeton ebrios, y por ende, payaseando durante su carrete de titulación. Nada más que eso, porque no me gusta mucho bailar, y porque cuando se lo propuse nunca me pescó, quizá pensando que era un terrible bailarín y que la avergonzaría, cosa bastante alejada de la realidad, porque no soy Fabrizio, pero por empeño no me quedo atrás.

No pudimos pasar una Navidad, pero si un Año Nuevo, el más lindo de mi vida, de eso no hay duda.

No alcancé a pedirle matrimonio… pero ¿habría servido de algo? Si durante los últimos tres meses de relación sin darme cuenta de lo único que me preocupé fue de hacerla pensar, inconcientemente, que ya no quería eso para nosotros dos… nosotros… que palabra más linda y a la vez tan triste… porque el nosotros ya no existe… desde hace varios meses atrás, aunque por un par de semanas tiempo después de la ruptura pensara lo contrario.

Hace más de un mes que no la veo, hace más de dos semanas que no escucho su voz… No queda otra opción más que resignarme y aceptar la realidad que estoy viviendo… lejos… sin Yuyi.

Puedo salir, carretear, reírme, trabajar a más no poder. Distraerme con mil cosas a la vez, conocer gente, unas agradables, otras no. Puedo avanzar, darme cuenta que es muy probable que los proyectos y planes materiales que tenía para mi vida se podrán realizar antes de tiempo, sin embargo, cuando llego a la oscuridad de mi dormitorio, lo único que aparece en mi cabeza es su imagen. Su carita linda, su sonrisa hermosa, dueña de esos besos que me volvían loco cada vez que los recibía, aunque pocas veces se lo hubiese dicho. Su dulzura y su carácter, que fue una de las cosas más importantes que me enamoraron de ella.

Hace más de un mes que no la veo ¿La volveré a ver otra vez? ¿Volveremos a hablar de nuevo? ¿La volveré a besar? ¿A abrazar? ¿A acariciar?

Pienso muchas cosas en mi tiempo libre, y también en el no tan libre. Me paso el rollo de que si la llamo quizá acceda a vernos una vez más. A veces, cuando la razón y la contención están totalmente agotadas se me arrancan un par de mensajes de texto para decirle que aun la espero, que sigo pendiente de ella, que estoy bien, que espero que ella también… ¿Pero de que sirve? Si a ella no le importa en lo absoluto, no le importa nada…

¿Quién soy yo para volver a entrometerme en su vida? ¿Quién soy yo para querer volver a entrar otra vez? Es probable que ya no me extrañe y ni piense en mi, por algo no ha vuelto a aparecer. Quizá ya es feliz y encontró lo que tanto a buscado y esperado, eso que yo le ofrecí por mucho tiempo, eso que le sigo ofreciendo pero que ya no le interesa creer que se lo puedo dar.

Si está feliz y tranquila ¿Quién soy yo para quitarle esa felicidad? ¿Quién soy yo para llegar, aparecer y quitarle esa paz que ya debe tener? ¿Quién soy yo para volver de la nada a rogarle que me de una última oportunidad? Nadie, porque eso es lo que soy ahora para ella, nadie, sólo un huevón que no supo leerla cuando correspondía y no llevó bien la relación de amor y cariño que tan orgulloso se jactaba de tener.

¿Quién soy yo para quitarle esa felicidad que debe tener? Quizá ya conoció a alguien que la tiene feliz y contenta, alguien que la tiene completamente llena y ya no necesita acordarse de mi.

Yo la quiero, si, más que a todo, más que a mi vida, hasta el punto de olvidarme de mi mismo muchas veces, de arrastrarme como un perro, de llorar como una mina para que no se fuera de mi lado ¿Sirvió de algo? La respuesta es más que clara.

Yo la quiero mucho, y se me parte el corazón cuando despierto en la mañana y tengo su imagen fresca en mi cabeza y no la puedo llamar para desearle un lindo día y volver a decirle mi amor o a que hora nos veremos cuando terminemos de trabajar.

Ya no soy nadie para ella, y no soy nadie para irrumpir y quitarle su felicidad, para perturbar su vida de una forma no agradable. Ella decidió irse y dejarme y tengo que respetar eso, no puedo patalear más.

La extraño tanto, tanto… como tonto miro a ratos mi celular por si se atreve a enviarme un mensaje o llamarme de una vez, para preguntarme como estoy, para decirme que olvidemos todo, que me quiere y lo intentemos una vez más, aunque sea en secreto…

La extraño tanto, tanto… extraño esas noches que me despertaba y corría para que no roncara más, que no la dejaba dormir, hasta que me acostumbré a dormir de lado para que no lo tuviera que hacer más… extraño quedarme despierto mientras ella dormía cuidando su sueño, ver su carita de paz, de descanso, y esos saltos que a veces daba a causa de quien sabe que sueños la lograban exaltar… ir por la calle de su mano, perdidos por cualquier parte, caminando sin saber donde estábamos ya que ambos nunca fuimos muy buenos para improvisar.

La extraño tanto, tanto… pero si ella está feliz sin mi debo aceptarlo, porque sé que si ella es feliz no puedo ser tan egoísta y aparecerme de nuevo para quitarle esa felicidad, esa felicidad que logré darle, que ella también logró provocar en mi, pero que también me encargué (de forma inconciente, aunque lo hice igual) de apagar.

Espero que esté bien, que sea feliz… el problema es que cada día que pasa en vez de yo calmarme más por eso, que por cierto me ayuda bastante ya que por lo menos tengo esa tranquilidad, de que ella debe estar bien, tengo miedo a que yo no pueda avanzar. No en el sentido de mi vida, trabajo y estudios, sino en el ámbito personal.

Sé que tarde o temprano voy a conocer a alguien que me saque de esta soledad (no en el sentido de que nadie está conmigo, porque hay bastante gente preocupada por mi, sino en el sentido de involucrarme realmente con alguien), pero también sé, que lo que viví con ella y al darme cuenta del tipo de mujer que es, jamás la podré olvidar y siempre la voy a querer… tengo miedo de fracasar porque a las nuevas las compare con ella, de seguir 3 meses, 6 meses, un año más con este dolor y pesadumbres que me acompaña a todas partes y no me deja estar en paz.

Tengo miedo a que pasen años y siga pensando en ella, seguir esperándola, miedo a estar con otra pero seguir recordándola, mientras ella hace su vida y le importa un comino lo que pase con la mía.

Tengo miedo, si, mucho miedo, pero más miedo tengo a que ella, con la decisión que tomó tampoco logre nunca ser feliz.

Tengo miedo a no ser sólo yo quien la extraña, tengo miedo a que ella también me extrañe, y que por orgullos, rencores, miedos y egoísmos de ambos pasemos el resto de nuestras vidas separados, deseándonos, extrañándonos, pero sin hacer absolutamente nada para poder arreglarlo.

Cuando el carrete pase, la rabia pase, el orgullo baje.

Cuando los desconsejos queden desnudos ante su ineptitud y la razón con el pudor se vuelvan a hacer presentes…

Cuando se acabe la fama, el ocio, las ganas…

Cuando toda esa nube que ciega la vista se disipe y veas el horizonte con claridad…

Cuando toda esa mierda que ahora te mantiene con la cabeza ocupada se vaya y aparezca la realidad… cuando el trabajo se convierta sólo en rutina…

Ya me habré ido y no por falta de amor, no. Sino por mera dignidad.

Porque se puede amar, para siempre. Pero el amor al Yo debe ser prior.

Hate

Te odio por haberme aceptado, te odio por haberme querido.
Por haberme enamorado, por haberme sanado.
Te odio porque me dijiste que siempre estarías aquí… que nunca te irías de mi lado.
Te odio por esa vez que me dijiste que era lo más importante de tu vida y me di vuelta y me olvidaste.
Te odio por esas promesas que hiciste y nunca cumpliste.
Te odio por hacerme reir para después hacerme llorar.
Te odio por no haberme esperado, por no preguntarme que me pasaba.
Por decidir sólo por ti cuando no eramos solistas y cada uno decidía por su lado sino… un dúo.
Te odio por mostrarme un mundo, lindas personas y de un día para otra quitármelos.
Te odio por mentirme mirándome a los ojos, te odio por haberme dicho la verdad mirándome a los ojos.
Te odio por haberme dejado descuidarte, te odio por haberme obligado a aceptar a quien después iba ocupar mi lugar.
Te odio por haberme hecho sentir especial, que nada más importaba.
Te odio por criticarme cosas que cuando nos conocimos aceptaste y después rechazaste.
Te odio por ser quien eres, por quien volviste a ser…
Te odio por esos besos malditos que me diste sin amor, por esos abrazos que no querían más que abrigo y yo mal interpreté.
Te odio… te odio tanto…
Te odio por haberme dejado cuando más te necesita y sobre todo cuando tú más me necesitabas…
Te odio por no dejarme estar ahí, para mimarte, sanarte…
Te odio por haberme usado, como a uno más, por tratarme como a otros tantos cuando me dijiste que como yo no había nadie más.
Te odio más que nada porque día a día que pasa, noche maldita que se viene te extraño más que nunca, como si hubiese sido ayer cuando te fuiste.
Te odio por haber entrado en mi vida, porque si no hubieses llegado ahora no estaría tratando de olvidarte…
Te odio, más que a nada, más que a todo.
Te odio tanto, tanto… TANTO! Por haberme dejado conocerte, por haberme dejado amarte y ahora no poder dejar de hacerlo.
Te odio, con todo mi corazón, y más te voy a odiar si no logro dejarte atrás.
Te odio… SI TE ODIO!!! y más te odio cuando me duermo y me doy cuenta que te amo más que nunca y no sé hasta cuando voy a seguir así.
Te odio… porque apareciste un par de minutos… y de nuevo te fuiste…
Te odio porque me llenaste de ilusión, para que? Maldita ilusión…
Y finalmente te odio, porque ese odio, cada vez que lo siento se va de inmediato al darme cuenta que nada que piense me sirve para odiarte de verdad, porque todo eso es una mierda, una mierda al lado de todo lo que te amo y me odio a mi mismo por haberme permitido estar lejos de ti…
Para convertirme en nada para ti, en alguien indigno…
Te odio… mentira :(

Seguramente a estas alturas del año, ella estaría viendo y machacándose la cabeza para escogerle un regalo que le encante. Estresada como ella sola, de Mall en Mall paseando para poder elegir el regalo perfecto para él. Ella no llega, entra a la tienda, ve lo primero bonito que encontró y lo compra… no. Ella siempre elige el regalo perfecto, porque es la persona más perfeccionista que él pudo conocer. Una mujer inteligente, proactiva, muy capaz y que con su voluntad es capaz de lograr lo que se proponga. De seguro ahora estaría, más estresada que entreteniéndose, buscando y buscando, pensando y pensando que cosa podría elegir para él, pero en el fondo, al momento de entregarlo ver el rostro de agrado y aprobación valía la pena y el estrés previo iba a ser tan minúsculo que ni siquiera se iba a acordar.

Él, bueno para improvisar como es, probablemente ante tamaño desafío el regalo lo habría empezado a escoger hace un par de semanas ya. Sabe cuales son sus gustos, que cosas le agradan, que cosas no, pero también el estrés de elegir el mejor regalo se habría hecho presente, que lo obligaría inevitablemente a recurrir a su cuñis para que le echara una leve manito.

Probablemente una semana antes de Navidad ya habrían negociado que día iban a pasar en la casa de quien, aunque probablemente el habría cedido ante cualquier propuesta que ella razonablemente habría puesto sobre la mesa. Para él, la verdad es que no le complica mucho hacer el sacrificio de no pasar alguna de estas fechas con los suyos, puesto que es feliz con estar a su lado, total ya ha pasado 25 navidades con su familia y elegir pasar la primera navidad con la persona que iba a ser su compañera de vida era la única opción pensable.

El Año Nuevo ya estaría negociado… quizá no. Lo cierto es que él apenas saliera del trabajo el día 31 iba a volar a su casa a cambiarse ropa (si es que no lo iba a celebrar con ella ahí) o a la de ella para buscarla y esperarla hasta que estuviera totalmente arreglada… ella siempre tan preocupada por su persona, de verse la más hermosa, aunque digámoslo: ella es bella desde el momento que despierta hasta cuando se va a dormir… si la hubiesen visto dormir alguna vez: esa ternura, esa paz que produce con sólo mirarla… ni con el trabajo de toda una vida se podría pagar tanta ternura, tanta belleza, tanta plenitud en una sola mujer.

Sea donde hubieren decidido haber pasado el Año Nuevo la decisión habría sido pasarlo juntos. El asado típico, la cena tan exquisita, la Sonora Palacios sonando de fondo (típico en estas fiestas) y todos alrededor de un lado para otro, cada uno con una misión asignada: unos preparando ensaladas, otros poniendo la mesa, otro destapando las botellas de vino, quizá preparando las lentejas para después de las 12 y ellos, cada uno en lo suyo pero siempre preocupado el uno del otro, pendientes de que estuvieran bien y con pequeños cruces de miradas como queriendo decir: “acá estoy mi amor”.

Tras la cena, se levantan los platos y se despeja la mesa para poner las copas del brindis. Todos empiezan a conversar, contar anécdotas varias para que así la ansiosa espera de las 12 no se hiciera tan larga. Pasan los minutos y poco a poco se acercan, lentamente, minuto a minuto, segundo a segundo. Ya tienen listas las botellas de champagna cerca de las copas, heladitas porque son más ricas así.

10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1… Cerooooooooooooooo!!! Gritan todos al unisono. Él, junto a ella, esperaba con ansias este momento ya que era la primera vez que pasaba un año nuevo junto a la persona que durante toda su vida había buscado y al fin, 26 años después pudo encontrar. Ella, nerviosa, luego de tantas desilusiones al fin había encontrado a esa persona que la hacía feliz, que nunca la iba a dejar y siempre la iba a cuidar. Él la abraza, la toma de la cintura muy fuerte y ella lo abraza por los hombros tan o más fuerte que él. Ambos se abrazan, se acarician, sus mejillas se rozan y se besan, el beso más dulce que habrían podido dar. Una noche soñada: bailando, riendo, cantando hasta pasada las 10 de mañana del día primero… un día antes de celebrar cuando su historia de amor empezó…

Lo cierto es que eso no pasará. Ella, por un error estúpido de él, pasará, como tantas otras veces ese día como cualquier otro año nuevo anterior. Él, también, la misma rutina de todos los años: abrazo familiar, después, cerca de las 1:30 va donde sus amigos para no volver más hasta entrada la madrugada.

Para ambos, un nuevo año de soledad, de vacío, de tristeza, deseando en cada momento que esa persona estuviera a su lado, un ratito, tomar su mano, mirar a sus ojos.

Son muchas cosas las que se pueden decir en estos momentos pero lo más probable de esta fallida proyección es que sólo quede en lo que es: un montón de palabras.

Quizá lo peor de todo no es la intromisión en sí misma, quizá lo peor de todo es que a causa de esa intromisión se confirmó un error, de ahí la reacción.

Y que ese error se haya hecho conocido por quien menos tenía que saberlo, para quien cometió el error significaba que quien realizó la intromisión, si se enteraba, jamás iba a querer olvidarlo ni perdonarlo, y la opinión que luego de esto se iba a formar, porque conoce de tal forma su modo de operar que la seguridad de tener ese conocimiento iba a ser fatal. Eh ahí un error: a veces “eso” es tan grande, que jamás, por muy doloroso que fuera un error pondría en su razón calificativos tan despectivos como poco ciertos, porque por una equivocación no marca una conducta.

Quizá lo peor de todo no es la intromisión en si misma, no es la estupidez provocada por un extraño actuar, quizá lo peor de todo es que quien sufrió la intromisión actuó de tal forma, que por sentirse víctima de una ofensa despreciable expresó su ira de una forma tal que quizá eso sea lo más difícil de olvidar, porque el error se puede perdonar, porque es necesario para poder tener sanidad, para volver a tener paz, pero lo que es más difícil es escuchar o leer de quien menos creías que era posible tal nivel de desprecio, de asco, tal nivel de no ver que acá no fue un sólo error el que se cometió, sino que fueron dos.

Dos tristes errores, que no se olvidarán jamás, pero que si se pueden llegar a perdonar ¿Cuándo? Frase repetida y trillada: “Sólo el tiempo, si es que corresponde, lo dirá”.

Hay personas que hasta el día de su muerte se atormentan por algo que jamás quisieron sanar, otras porque no las dejaron y les negaron el perdón por eso que algunos llaman orgullo.

El ideal ya no satisface. El fundamento sobre el cual la España del siglo XVI realizó la labor más hermosa que cualquier otro pueblo ha podido abrazar en la historia de la humanidad se esfuma día a día. Gobernantes ilustrados y ministros masones han llegado al poder, pero no para construir sino más bien para destruir –sin saberlo obviamente- lo que el piadoso Carlos y su hijo Felipe con tanto esfuerzo pudieron levantar. Estos nuevos gobernantes embobados por la idea del progreso y de la felicidad terrenal, sin buscarlo y con poca prudencia, comenzaron a corroer lentamente aquel lazo de unión con el Nuevo Mundo, y tanto fue ese desgaste que finalmente el lazo se rompió por completo.

En un lento devenir, desde dentro de la España misma pero influida por ideas extranjeras, se comenzó a fraguar lo que finalmente serían las guerras civiles en toda Hispanoamérica y que desembocarían en el establecimiento de una veintena de estados que al principio no reconocieron más lazo común entre sí que el oscuro y nefasto pasado subyugados por la terrible monarquía hispana.

Ya no es la Cruz ni el Evangelio las directrices que marcan la labor de la península en las provincias ultramarinas, ya no es la labor misional una de las fundamentales, ahora el espectro ha cambiado y lo que antes era visto con ansias de fraternidad y poder de conversión, ahora es mirado con fines de lucro y provecho económico. Esa España que trató de vivir un orden teológico perfecto, pero que por las razones mismas de la naturaleza humana no pudo lograr, ahora olvida todo lo que la hizo grande, deja de lado e incluso desprecia a esa Compañía santa que San Ignacio como labor providencial creó en uno de los momentos más difíciles que a la Iglesia le tocó vivir.

Doctrinas muy sabias por ellos proclamadas, entre ellas la del tiranicidio –que protegen en caso de que algún mal gobernante llegue al poder-, los preocupan en demasía. Lo mejor es alejarlos de todos sus dominios y ojalá, exterminarlos, haciendo oídos sordos de toda la labor que realizaron en sus reinos más allá del Atlántico, a esa inmensa masa de personas que pudieron conocer la luz del evangelio gracias a su gestión, esa misma masa que pudo salir de las garras de la ignorancia recibiendo la instrucción adecuada en los colegios que con tanto esmero lucharon por mantener.

Después de haber servido a la causa del Evangelio tras doscientos años, ahora son expulsados sin piedad, sin ver el profundo arraigo que ellos tenían en lo profundo del ser hispanoamericano, y más que ayudarse a sí mismos con esta lamentable decisión, una profunda molestia quedará grabada en el corazón de los criollos.

Forzosamente olvidaron y quisieron dejar atrás ese pasado glorioso de los Reyes Católicos, de su nieto Carlos y su bisnieto Felipe, una seguidilla de grandes gobernantes que dejaron en la historia de la humanidad una obra inmensa, pues no sólo se encargaron de ser la punta de espada en contra del hereje protestante en el viejo continente, sino que también tuvieron en sus manos la incorporación a la cultura occidental de un Nuevo Mundo lleno de enigmas, tierras desconocidas, hombres bárbaros y brutales, que vivían en un estado espiritual deplorable, como esperando el mensaje divino para dar sentido a su existencia y su porvenir.

Ideas extrañas… ideas foráneas comenzaron a ser las que guiaron el destino de la península y debido a estas ideas, que son distintas a su tradición e historia, el resentimiento comenzó a crecer, y esa lealtad a la corona, que antes jamás estuvo en juego, luego de un corto período juntista, se esfumó. Esa nueva forma de gobernar que durante el transcurso del siglo XVIII monarcas Borbones se encargaron de instaurar, queriendo dar hincapié sólo en una felicidad terrenal a quienes también deben preocuparse por la vida celestial.

Blas Piñar lo decía en su discurso esclarecedor, ésta fue una lucha entre el absolutismo centralizador de la monarquía borbónica y el régimen tradicional criollo de los cabildos abiertos y de los Congresos generales. Fue una lucha entre lo foráneo y extraño contra lo tradicional y propio, que provocó a los criollos sentirse excluidos del gobierno de su propio terruño. Una disputa legítima, sí, legítima, ya que hasta antes de su llegada al poder tras la Guerra de Sucesión, conquistadores y sus descendientes, por amor a la tierra propia, gestionaban de la mejor forma lo que consideraban mejor para su presente y su mañana.

Así, luego de la fortuita captura del Deseado Fernando VII en manos de Napoleón, Hispanoamérica encuentra el clima necesario para desvincularse de aquella España que la sentía extraña, aquella España distinta a la que la civilizó, aquella España que ya no era más la Madre Patria, sino una de las tantas hijas que nos dio aquella gloriosa España del siglo XVI y que por ende e inconscientemente desvanecía toda validez de predominio espiritual, aunque algo jurídico quedara en los papeles.

Finalmente, como una paradoja del destino, esas mismas doctrinas e ideas que los monarcas afrancesados del siglo XVIII se esmeraron de enterrar son las que renacen desde el fondo de la tradición hispana para salvaguardar los derechos del rey cautivo, ese misma proveniencia del poder temporal que emana de Dios hacia el pueblo y depositado en la figura del Rey, que durante ese siglo ilustrado fue apagada para imponer la directa proveniencia del poder desde el Creador.

Progresivamente y a causa de una pésima gestión, debemos decir con absoluta certeza: España perdió América por sí misma. La perdió porque no la valoró, por ciega y egoísta, por olvidar cual era su papel y lanzarse a los brazos del seductor estilo francés. La perdió porque ya no fue más la Madre Patria, a causa del abandono del ideal que en un momento de su historia la hizo ser admirable.

España, desde ese instante y hasta los tiempos actuales, aunque sea la hija mayor de la Hispanidad, ya no es más la Madre Patria, sino solamente España.

El perdón no implica necesariamente olvidar ese hecho o hechos que causaron tanta pena y decepción, el perdón es más bien, no traer a la memoria de forma voluntaria aquello que en su momento tanto dolor causó.

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